viernes, 3 de julio de 2015

ÍNDIGO Y CELESTE

En medio de la nada, rodeado de algo que no logro reconocer, nada propio, ni siquiera ajeno, mi cuerpo no pesa nada, flota al vaivén de mis signos vitales, no sé dónde estoy…
 Logro abrir mis ojos y duelen, como si fuera la primera vez en mucho tiempo que los usara, la luz golpea mis nervios ópticos ante la sensación vivida, todo alrededor es azul, estoy en medio del mar; flotando a la deriva de su tibieza, mi cabeza apenas puede moverse, adonde veo solo hay azules, no hay tierra, solo agua y cielo.
Mi cuerpo se siente tullido, adolorido, sigo sin entender que ocurre, y aun así no tengo miedo, parece como si de antemano supiera que ese era el lugar donde debía estar, no respiro, pero tampoco necesito hacerlo, parezco más un objeto que un cuerpo, el agua está serena, me arrulla con su noble canto, poco a poco mi ser se va hundiendo en el hermoso azul…
Es ahí cuando recuerdo todo, en ese momento pasa por mi cabeza lo vivido antes de llegar a tal abandono, recuerdo cada paso, cada beso, cada error, cada herida, y duele, mi cuerpo inerte recuerda, recuerda el dolor vivido y el dolor causado; ese es el sitio al que pertenezco, pertenezco al olvido, al más suave y profundo de los olvidos, centímetro a centímetro bajo el agua recuerdo todo, y duele.
Mientras desciendo veo un reflejo en la superficie, ¿será mi cuerpo?, no lo sé, mi vista aún duele, veo en el espejo de agua un cuerpo que se aleja de mí, y allí comprendo toda la escena, mi exilio voluntario a las profundidades del olvido lo hago acompañado de ella, la protagonista de mis historias rotas, allí está como testigo de mi adiós, pero ella no me seguirá, tan solo comprobará que no regrese, su mirada enigmática dibuja un rostro triste, pero su ambigüedad muestra una sonrisa a los demás, ella siempre tan valiente, pero sé que es vulnerable…
Me dice adiós con su mirada, con su blanca piel, con su cabello encendido, me dice adiós con su hermosa tristeza, mientras sus hermosas alas rotas alzan vuelo, la luz hace mucho dejó de herir mis ojos, ahora el frío de las profundidades lastima mi alma, tan solo me dejo ir, poco a poco, centímetro a centímetro, digo adiós; el mar del olvido me da la bienvenida, a sus profundos azules…




Pero, no lo sé, por qué a pesar de que acepto mi destino, no me siento a gusto con él; en el fondo de mi alma congelada, algo me dice que la historia no merece un final tan cobarde, ¿Cuándo se ha visto que un soñador se rinda?, nunca, si la historia tiene un final triste, entonces no es un final; que me pasa, ese no soy yo, rendirse no es una opción, si vas a decir adiós, dilo mirando a los ojos, si no hay sentimientos, que te demuestren que es cierto, si es tarde para curar las heridas del pasado, que al menos la lucha valga la pena; no se puede olvidar una historia como si jamás hubiera ocurrido, no se puede echar por la borda tantas cosas vividas como si hubieran valido tan poco, ¡despierta! – le gritaba mi alma a mi cuerpo, ¡despierta!, no es momento de decir adiós, no aun…
Poco a poco mis extremidades luchaban contra el frío abisal, mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, pero sin perder de vista la luz de la superficie, superé el umbral del dolor y mis brazos se movieron, el mar frío luchaba por mantenerme en su lecho, pero no era mi tiempo todavía, toda historia merece una oportunidad por mal escrita que esté, siempre hay páginas en blanco para tratar de corregir sus líneas, solo falta voluntad y dejar los miedos atrás, dejé atrás los míos y el qué dirán dejó de importarme, los convencionalismos y la vida normal son para idiotas conformes; deseaba volar, deseaba buscar mi motivo para seguir, deseaba buscarte.
Cada brazada arde en cada músculo, pero lo único que me importa es viajar hasta tus alas rotas, cada metro me acerca más a la superficie, vuelvo a sentir el calor de la nostalgia, mis deseos de vivir se encuentran al otro lado de la superficie; y de repente, la luz regresa, a lo lejos veo tu figura alejándose en las nubes.
No he llegado tan lejos para dejarte ir, me despido del agua, y te busco en el aire, mis alas también están rotas, pero las mueve la voluntad de seguir adelante, no importan los golpes de la vida, no son nada cuando el amor mueve nuestro mundo, sigo tras de ti, tu pelo encendido brilla con el sol, decido no asustarte, solo deseo que seas feliz, vuelo a tu lado, lejos de tu vista, vigilando tu vuelo y rezando al cielo para que tus alas se curen, en la distancia puedo sentir el calor de tu mirada, me miras, te detienes en el cielo, y me acerco a ti…
No soy digno de tocar tu piel nuevamente, tan solo, quedamos ahí, frente a frente, leyendo tus ojos, buscando la fe perdida, buscando aquello que perdimos en el camino, el libro se encuentra frente a nosotros, y la historia no puede quedar con páginas en blanco.

Tan solo mírame a los ojos, y dime que ocurre en la historia…

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