domingo, 4 de junio de 2023

La cicatriz del arcoiris

Una nube gigantesca de humo comenzaba a disiparse luego del impacto causado por su caída; las aves revolotearon inundando el cielo de graznidos y chillidos estridentes en todas direcciones, y cuando recobró la conciencia, abrió los ojos.

Miraba al cielo tratando de enfocar, su percepción era aún borrosa pero poco a poco recuperaba sus sentidos y lo que antes era una mente en blanco de repente se convirtió en dolores intensos en cada parte de su golpeado cuerpo.

Cada bocanada de aire fresco que trataba de entrar en sus lastimados pulmones quemaba como la erupción de un géiser, pero eso no lo detuvo y con las fuerzas casi extintas se puso de nuevo en pie, sus piernas temblaban y apenas podía mantener su propio peso.

Seguía mirando al firmamento buscando la respuesta que su memoria le negaba, buscaba fragmentos de esos instantes anteriores a la nada absoluta, y el cielo responde a su silencioso llamado y le regala las piezas faltantes para que encajen en su sangrante cabeza.

El arcoiris, el baluarte más preciado de las tierras sagradas, se había roto, y miles de pedazos seguían cayendo a la tierra creando una triste lluvia multicolor; por siglos el arcoiris había sido la promesa de antiguos dioses que prometieron a los hombres que nunca verían su paz alterada y que su magia los protegería de las sombras, y de repente llegaron a su mente el resto de suscesos y su mirada antes perdida se llenó de terror y una enorme preocupación.

Los guardianes seguían una ancestral tradición por la cual eran escogidos para ser entrenados y servir en la noble causa de proteger a las demás personas, eran infundidos con magia y forjados con tal disciplina que eran vistos por el resto de mortales casi como dioses, su misión era conservar el orden divino y preservar la paz, hasta que todo cambió en un abrir y cerrar de ojos.

De la nada algunos de aquellos guardianes cambiaron su comportamiento y se comportaron de manera errática, lo que por siglos había sido paz y armonía, en cuestión de horas se había convertido en caos y ruina, los guardianes que permanecían fieles a su propósito fueron derrotados y nada los salvó del cataclismo; y aquel que a duras penas se podía mantener en pie, fué de los pocos que resistió el embate de las fuerzas oscuras, lo hicieron de muerte y su cuerpo fue desechado como basura cayendo desde los palacios celestiales hacia las tierras sagradas; en su trayecto al suelo destruyó una gran parte del arcoiris, fué sin querer causante del inicio del fin de los hombres.

La frustración se convirtió en rabia, y a pesar de su debilidad sentía que aquello no podía terminar así, busco en los suelos cercanos algún resquicio de sus armas, en la cercanía al crater que había causado se encontraba su espada completamente rota, pero aquello era mejor que tratar de luchar a mano limpia, el cielo minuto a minuto perdía su color y enormes nubes negras empezaron a habitar cada rincón del firmamento, la voluntad era su única compañía y si a pesar de la estrepitosa caída no había muerto, entonces si propósito aún no había finalizado.

No importaba el camino, lo importante era dar el primer paso.

Pero, ¿Por donde empezar?¿Adónde ir?

La verdadera batalla hasta ahora empezaba...

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