lunes, 1 de mayo de 2023

Más allá de mi mismo

 Hace mucho tiempo, tanto que perdí la cuenta de los años, fué la última vez que viví verdadera felicidad.


La sensación es embriagadora, sientes que nada te puede herir, que cada respiro te llena de paz, que no importa lo que pase, nada más se necesita, deseas vivir por siempre en ese instante, congelado en el tiempo en una imagen, un cuadro, una pintura llena de todo aquello que hace perfecto el momento, y lo conservas como lo que es, un tesoro invaluable que te hace seguir adelante y que le da sentido a todo lo que te rodea.

Aún asi, a pesar de todas las buenas intenciones que puedas tener, la vida y las malas decisiones te hacen ver que todo lo que pudo ser perfecto, se puede borrar de golpe.

No recuerdo cómo, ni por qué, ni el momento exacto, pero todo se vino abajo como castillo de naipes, no quedó en pié ni una sola parte de aquella felicidad, fue un golpe tan fuerte y violento que aún al día de hoy siento su eco, y duele, duele demasiado.

Todo ese mundo que creí perfecto se derrumbó, y por más que volteo la vista atrás no logro entender que pudo fallar tan estrepitosamente, en que momento desvié mi camino y mi vida se fué por la borda, se que muchas de mis decisiones no fueron las mejores,  pero los planes, los deseos, las ganas de seguir, todo eso simplemente se esfumó.

Jamás pensé siquiera por un instante que doliera algo tan sencillo como respirar, de repente el alma empezó a pesar toneladas y me impidió seguir de pie, la vida poco a poco me abandonó y el color de repente se volvió grises y sombras, llorar se volvió algo tan habitual como comer, y ya ni siquiera la comida conserva su sabor.

Trato de recuperar lo que fuí, trato de dejar a un lado el cascarón vacío en que me he convertido, ante los demás sonrío, pero si me preguntas si soy feliz, la respuesta será obvia: No, no soy feliz.

Personas que me rodean me dan ánimos, y aprecio todo lo que hacen por mi, pero nadie sabe lo complejo que es si quiera encontrar energías para pararte de la cama, verte al espejo y no reconocer a esa persona frente a ti, no saber que ocurrió con tu juventud y como se escurrió la sonrisa entre tus dedos, comprender que ya nada será como antes, queda esperanza, pero poco a poco se ve como la llama de esa vela olvidada se extingue. 

Las pocas fuerzas que quedan se dedican a escarbar entre los escombros de lo que un día fuí, tratando de encontrar fragmentos de aquello que me daba un motivo, un rostro, unos ojos, unas manos, un perfume, una pizca de nostalgia que me impulse hacia adelante; pero espero que esto no se malentienda, no se debe vivir de los recuerdos, pero si necesito recuperar algo de eso que fuí, para saber, o al menos tener más seguridad de hacia donde voy, de que todo vuelva a tener sentido y las piezas sueltas de mi presente y futuro encajen en algo concreto, no más ilusiones, no más sueños ridículos, no más ideas sin sentido.

No es fácil, no lo será, pero espero volver a encontrar el norte, el amor hacia mi mismo, el amor por alguien más, volver a darle significado a mis latidos, dejar atrás el dolor que se ha enquistado, volver a reconocer a esa persona frente al espejo, volver a vivir...


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